Introducción
El Secours Rouge International no oculta sus deficiencias y debilidades. No obstante, creemos que nuestros 25 años de experiencia ininterrumpida en el apoyo internacionalista a lxs presxs revolucionarixs nos otorgan cierta experiencia en el tema de esta mesa redonda.
Estos 25 años nos han hecho enfrentarnos a una serie de contradicciones y atravesar una serie de crisis, lo que nos permite afirmar que un tema a priori sencillo como el apoyo internacionalista a lxs presxs revolucionarixs es, en realidad, un tema específico y complejo que expone a decisiones difíciles y a malentendidos desafortunados.
Los tres retos
Como dijimos en nuestra primera intervención, lo quieran o no, estén preparadxs o no, lxs presxs políticxs se convierten en un símbolo y en un triple reto para ambos bandos.
El primer reto es, por tanto, ideológico.
Es el reto más básico, el que revela, en el sentido más amplio posible, que hay dos bandos, el de lxs explotadxs y oprimidxs y el de los explotadores y opresores, y el que afirma que la lucha es posible, que la victoria es posible.
Si la burguesía logra exhibir a presxs arrepentidxs, consolida su poder. Por el contrario, si las masas perciben a los revolucionarixs acusadxs como militantes valientes, coherentes y decididxs, toda la causa revolucionaria se ve reforzada.
A la cuestión ideológica general se suman cuestiones políticas. Lxs presxs son representantes de una acción política, de una perspectiva estratégica o de un proyecto organizativo concreto, basado en análisis y con objetivos específicos.
Naturalmente, lxs presxs querrán servir a su proyecto político específico. En sus declaraciones, no se limitarán a un simple ataque a la naturaleza de clase del Estado y la justicia, ni a una simple afirmación de la legitimidad de la lucha. Intentarán valorizar sus opciones políticas, estratégicas y tácticas.
La distinción entre cuestiones ideológicas y políticas es importante.
Por último, están las cuestiones prácticas: evitar condenas importantes en el juicio, salir de los modulos de aislamiento, obtener visitas y medios de comunicación, evitar la extradición, conseguir la libertad, etc. Todos estos objetivos, de acuerdo con lo que expusimos en nuestra primera intervención, permiten a lxs presxs seguir siendo sujetos políticos.
Hay que entender que estas cuestiones a veces son complementarias, a veces contradictorias, y que a veces es difícil distinguir entre ellas.
Por ejemplo, se podría pensar que una postura de ruptura ante el tribunal (rechazar la legitimidad del tribunal, etc.) reforzará a lxs revolucionarixs en el primer frente (la batalla ideológica), pero lxs debilitará en el tercero (el penal). Hay excepciones a esto, como lo ha demostrado la llamada «defensa rupturista» que, cuando logra poner al enemigo a la defensiva y hacer estallar sus contradicciones, consigue ganar en todos los frentes. Pero la regla es más bien que hay que pagar un precio penal por una postura ideológica ofensiva.
Otro ejemplo: una posición firme en el plano político puede a veces reforzar el nivel ideológico, y a veces debilitarlo. Por ejemplo, si lxs presxs defienden las decisiones de sus organizaciones o corrientes de manera muy sectaria, dando prioridad a la crítica de las decisiones de otrxs revolucionarixs sobre el ataque al enemigo de clase, entonces, ideológicamente, pueden tener un enfoque contraproducente con respecto a las masas que deben asistir a las disputas entre facciones.
La solidaridad internacional
Desde su fundación, el Secours Rouge International asume tareas de apoyo a lxs presxs revolucionarixs y entiende este apoyo como parte de la actividad revolucionaria. El proceso revolucionario se caracteriza por fases ascendentes y descendentes, pero siempre atravesadas por una dialéctica de lucha/represión/resistencia a la represión. El SRI entiende el trabajo de resistencia a la represión de manera proactiva y reactiva. Proactivo porque hay que hacer que el movimiento revolucionario sea más resistente a la represión, reactivo porque hay que dotar al movimiento revolucionario de los medios para superar los golpes dados por la represión.
Se podría pensar que el trabajo proactivo es puramente técnico y organizativo: cifrar las comunicaciones, compartimentar las organizaciones, frustrar los seguimientos, etc., pero en realidad se trata ante todo de un trabajo ideológico. Solo una buena comprensión del antagonismo de clases permite comprender bien la represión. Desde el momento en que se entiende, no como una plaga que hay que evitar, sino como una prueba que hay que superar, pierde su efecto aturdidor, deja de paralizar las fuerzas y de paralizar a lxs militantes.
El apoyo a lxs presxs revolucionarios puede, según la forma en que se lleve a cabo, debilitar o reforzar esta batalla ideológica.
Si el apoyo a lxs presxs revolucionarixs se basa en el victimismo, centrándose en las injusticias sufridas, las condenas injustas, los juicios amañados, la manipulación de las leyes, las torturas infligidas, la dureza de las condiciones de detención, la duración de los encarcelamientos, etc. el efecto producido es, en el peor de los casos, una desmovilización y, en el mejor, una movilización sobre una base humanista o democrática-burguesa.
Por el contrario, si el apoyo a lxs presxs se hace de manera política, centrando la cuestión en la identidad política de lxs presxs, en la forma en que la afirman, en la impotencia del enemigo para quebrantarla a pesar de su empeño, en todo lo que ese empeño revela del temor del enemigo, entonces el efecto producido es un poderoso estímulo para el bando revolucionario.
A menudo, se pide al SRI que participe en una campaña internacional en favor de tal o cual grupo de presxs. Como nuestras fuerzas son limitadas, nos vemos obligadxs a hacer elecciones, y estas elecciones obedecen a criterios políticos. Nos comprometemos prioritariamente con lxs presxs y grupos de presxs cuya posición frente a la represión permite alimentar y reforzar al bando revolucionario.
A menudo surgen malentendidos con las fuerzas que nos piden que apoyemos a tal o cual militante porque, por ejemplo, es unx periodista progresista acusadx injustamente de ser unx militante revolucionarix clandestinx.
Por supuesto, deseamos la pronta liberación de lxs periodistas progresistas injustamente acusadxs, pero por otra parte comprendemos perfectamente que lxs militantes revolucionarixs clandestinxs que han actuado bajo la cobertura del «periodismo» se protejan con esta tapadera para evitar penas de prisión. Pero el SRI, que entiende su lucha contra la represión como parte de la dialéctica revolución/contrarrevolución, dará prioridad a lxs militantes revolucionarixs que se asumen como tales.
Del mismo modo, algunas fuerzas destacan los perfiles más «inocentes» (según las categorías burguesas), pensando así facilitar las campañas de solidaridad. Nosotrxs privilegiamos los perfiles más «culpables» porque permiten afirmar la perspectiva revolucionaria y su capacidad para enfrentarse victoriosamente al enemigo.
Por eso, en los juicios o detenciones que afectan a grupos de militantes, creemos que hay que alinear las movilizaciones con los casos de lxs acusadxs más duramente atacadxs por la justicia burguesa o lxs presxs más duramente condenadxs.
Esto permite, en primer lugar, evitar dar pie a maniobras de diferenciación (en particular por parte de las fuerzas democráticas, que hacen su elección apoyando, por ejemplo, a lxs presxs «injustamente acusadxs» o «que no tienen sangre en las manos»).
Esto también permite, en el ámbito judicial, obtener mejores resultados incluso para aquellxs que son menos perseguidxs, aprovechando esta disposición del aparato judicial burgués de imponer penas bien diferenciadas, más o menos severas, para dar una apariencia de justicia, equilibrio y moderación.
Para construir un apoyo internacional fuerte y auténticamente revolucionario a lxs presxs revolucionarixs, hay que valorar a lxs presxs que defienden abiertamente el proyecto político y estratégico de su grupo (aunque tengamos desacuerdos), a lxs presxs que han sabido preservar una dinámica colectiva, ya sea permaneciendo como miembros de un grupo externo o creando una comunidad de resistencia en la prisión, a lxs presxs que asumen abiertamente una ruptura con el enemigo, su aparato policial y judicial, sus categorías y sus leyes.
Esto no significa, fíjense bien, apoyar únicamente a lxs presxs que han llevado la lucha al más alto nivel de antagonismo, a lxs líderes históricxs, a lxs combatientes que han realizado acciones extraordinarias. La gran mayoría de lxs militantes están expuestxs a la represión por iniciativas de baja intensidad. Las cualidades que destacamos (asumir su compromiso anterior, asumir una posición antagónica, negarse a colaborar, valorar la lucha colectiva, etc.) se aplican tanto a una persona detenida en un piquete de huelga como a otra capturada en una guerrilla.
Los valores democráticos burgueses
En su lejano pasado popular y revolucionario, la burguesía desarrolló valores democráticos y progresistas.
Sabemos hasta qué punto este legado ha sido selectivo: por ejemplo, se le negó a los pueblos colonizados.
También sabemos que este legado democrático se ve constantemente reducido. Por ejemplo, la burguesía ha renegado de su propia definición de presx políticx. La categoría de «terrorista» le permite invertir por completo sus principios: una persona encarcelada por luchar por un proyecto político es condenada con mayor severidad y su detención es más dura.
Sin embargo, sigue habiendo un reto ideológico, ya que la burguesía sigue afirmando que estos valores son los de su sistema.
Y esto es fuente de tres tipos de contradicciones:
– En primer lugar, la posición de los humanistas y demócratas burgueses y pequeñoburgueses que defienden sinceramente estos valores.
– En segundo lugar, las personas e instituciones que obtienen poder y prestigio de los mecanismos sociopolíticos derivados de este legado y que los defienden de manera corporativista. Así, podemos ver cómo algunos jueces toman decisiones contrarias a los deseos del poder para afirmar su poder e independencia.
– Por último, la izquierda del sistema que, desde su adhesión a las reglas del capitalismo, solo puede distinguirse evocando cuestiones sociales e ideológicas. Si bien en la inmensa mayoría de los casos se posiciona como la derecha del sistema, en ocasiones puede adoptar una postura progresista para salvar su imagen ante las masas. Esto no ocurre de forma espontánea: es necesario que la cuestión sea muy debatida entre las masas para que la izquierda del régimen decida actuar.
El giro general hacia la derecha de las sociedades ha reducido drásticamente la primera categoría. Lxs compañerxs de los países dominados no suelen darse cuenta de lo débiles que son las auténticas fuerzas democráticas burguesas, a veces incluso más débiles que las fuerzas revolucionarias. En cuanto a la izquierda del sistema, carece de principios. Lo hemos visto una vez más con el apoyo incondicional al genocidio de Gaza. Ha sido necesario que cientos de miles de manifestantes denunciaran este genocidio para que esta izquierda se arriesgara a formular algunas tímidas críticas a los genocidas.
Numerosas fuerzas de la izquierda revolucionaria siguen tematizando a lxs presxs con las categorías del enemigo, apelando, por ejemplo, al respeto del derecho del enemigo. Como SRI, hemos roto con esta vieja práctica de apelar a los valores de la burguesía y a las fuerzas de la izquierda del sistema.
Creemos que el mejor apoyo a lxs presxs revolucionarixs consiste en valorar sus posiciones revolucionarias.
Problemas de la internacionalización
Los problemas de la solidaridad internacional son específicos. En primer lugar, como hemos visto, porque a menudo se trata de apoyar a presxs cuyas identidades políticas difieren en ocasiones de las de las fuerzas de apoyo. Hay que encontrar un equilibrio entre las fuerzas de apoyo que, como expusimos en nuestra primera intervención, tienen entre sus deberes el de transmitir el mensaje de lxs presxs, incluso si hay desacuerdos políticos, y lxs presxs, que deben respetar la identidad política de las fuerzas de apoyo internacionales y no esperar que estas se conviertan en un mero vector de su proyecto político, organizativo y estratégico.
Pero la solidaridad internacional no solo se enfrenta a diferencias de posicionamiento político, sino también a diferencias de cultura política. Y esta es una cuestión que suele pasarse por alto.
En algunos países, la reivindicación de la amnistía forma parte de las reivindicaciones del movimiento revolucionario, mientras que en otros países la defienden los representantes de la capitulación y la liquidación. En algunos países, la cultura política exige que se discuta en los tribunales con los jueces para defender las propias ideas; en otros, no se discute con los jueces porque eso supondría reconocer la legitimidad del tribunal. Los ejemplos son numerosos.
Como hemos visto, la lucha en las cárceles suele estar determinada por cuestiones simbólicas. Sin embargo, un mismo símbolo puede tener un fuerte impacto ideológico en algunas sociedades y ninguno en otras, lo que explica que un mismo factor pueda dar lugar a una lucha a muerte en un lugar y ni siquiera ser tema de conversación en otro. Por ejemplo, el uso del uniforme carcelario es inadmisible para lxs presxs de Turquía o Irlanda, y es indiferente para lxs presxs de Bélgica o Estados Unidos. Si intentamos entender estas diferencias en términos de «más radical/menos radical», «más justo/menos justo», nos equivocamos por completo. La batalla de los símbolos solo puede juzgarse en relación directa con la cultura política específica a la que hace eco y en la que encuentra eco. Apoyar a lxs militantes presxs implica, por tanto, no solo comprender su compromiso político y su situación política, sino también su cultura política.
Perspectivas
Como se puede ver, la construcción de un apoyo internacional a lxs presxs revolucionarixs exige análisis y decisiones tanto por parte de lxs presxs como de las fuerzas políticas que lxs apoyan. Más allá del reflejo natural de solidaridad, expresión de nuestra pertenencia al mismo bando, lxs presxs revolucionarixs y las fuerzas políticas que lxs apoyan deben establecer una relación en la que se comprendan y respeten las realidades, los roles y los objetivos de cada unx. Y esta relación en sí misma debe pensarse en un conjunto aún más complejo en el que intervienen las diversas instancias del enemigo, a veces de acuerdo, a veces en rivalidad, a veces en conflicto, y también otras fuerzas que obedecen a sus propias lógicas, como los demócratas burgueses, los abogados o las familias.
Nuestra experiencia como SRI es limitada, pero lo suficientemente positiva y alentadora como para darnos confianza en la posibilidad de ampliar y profundizar el apoyo a lxs presxs revolucionarixs, y hacer de este apoyo parte de la lucha global por la liberación.