Presas y presos políticos, sujetos políticos (primera contribución del SRI para la Conferencia Internacional de París para las presas y los presos políticos)

Introducción

El encarcelamiento no es una sorpresa para lxs militantes revolucionarixs, anticolonialistas, antifascistas o antiimperialistas. El momento y la forma en que se produce la detención, las condiciones de interrogatorio y encarcelamiento, las modalidades del juicio y la gravedad de la condena, etc., son factores que pueden dar lugar a sorpresas. Pero el hecho de encontrarse detenidx es una perspectiva que elx militante debe haber integrado al entrar en la lucha.

Al abandonar las luchas callejeras, la clandestinidad, las guerrillas de las selvas, las ciudades o las montañas, para ir a la celda de una prisión, elx  militante solo cambia de puesto de combate. Mientras que muchas personas fuera ven esto como una ruptura, un trastorno (aun más cuanto menos educadas políticamente están), lxs militantes lo ven como una continuidad: la continuidad de su compromiso.

Se puede dividir a lxs presxs revolucionarixs de muchas maneras: por su ideología y proyecto político, por su país, por sus condiciones de detención, por la duración de su condena, etc. Pero más allá de todas estas diferencias, por importantes que sean, les motiva una determinación común, que es la única que puede explicar sus elecciones y sus posiciones. Esta determinación es la voluntad de seguir siendo sujetos políticos.

Con esta idea en mente, hace veinticinco años se fundó Secours Rouge International, a partir de la unión de fuerzas de apoyo a lxs presxs revolucionarixs de varios países europeos.

Símbolos, lo quieran o no

Lo quieran o no, esten preparadxs o no, lxs presxs políticxs se convierten en un símbolo para ambos bandos. Si la burguesía consigue exhibir a un acusado arrepentido, refuerza considerablemente su poder. Por el contrario, si las masas perciben a lxs revolucionarixs acusadxs como militantes valientes, coherentes y decididxs, toda la causa revolucionaria se ve reforzada.

Este estatus de «símbolo» y la apuesta ideológica que lo acompaña es más o menos fuerte según si el enemigo decide hacer un bloqueo informativo o, por el contrario, un gran revuelo mediático en torno a las detenciones, los juicios y/o las detenciones.

La experiencia demuestra que, por lo general, el enemigo da mucha publicidad a las detenciones (que permiten hacer creer en la omnipotencia de su aparato represivo), menos publicidad a los juicios (esto depende de muchos parámetros) y silencia las detenciones (lxs presxs políticxs deben «desaparecer» para el cuerpo social).

Un cuádruple frente

La voluntad de lxs presxs de seguir siendo sujetos políticos choca de frente con la voluntad del enemigo. En efecto, los cuatro objetivos que se fijan las estructuras del poder burgués al detener y encarcelar a lxs revolucionarixs van todos en el sentido de impedir que lxs presxs sigan contribuyendo a la lucha.

Estos cuatro objetivos son:

1° Neutralizar físicamente alx  revolucionarix, es decir, impedirle continuar con su militancia mediante el encarcelamiento.

2° Pero no basta con aislar a unx militante de su organización mediante el encarcelamiento e impedirle recurrir a las formas clásicas de lucha. De hecho, lxs militantes encarceladxs pueden seguir realizando trabajo político desde la cárcel y dentro de ella. Por lo tanto, el enemigo se fija como segundo objetivo neutralizar política e ideológicamente a lxs revolucionarixs, por ejemplo, aislándolxs de forma más o menos radical del cuerpo social, lo que explica que el encarcelamiento de lxs presxs revolucionarixs suele ir acompañado de alguna forma de aislamiento carcelario.

3° Romper políticamente alx presx, hacerle, si no abjurar, al menos renunciar a la lucha revolucionaria, es la forma más radical y definitiva de alcanzar los dos primeros objetivos, con las ventajas adicionales de que elx militante quebrantadx proporciona información y a menudo acepta desempeñar un papel en la propaganda contrarrevolucionaria.

4° El cuarto objetivo del enemigo es intimidar al cuerpo social inculcando la idea de que toda lucha revolucionaria está condenada al fracaso y a la cárcel.

Un imperativo

El imperativo para lxs presxs es no ser reducidxs a objetos, a víctimas de la represión que apelan a una solidaridad basada en la piedad y la compasión. Deben volver a ser sujetos políticos, influir en los acontecimientos, transformar la realidad, apelar a una solidaridad basada en la fraternidad de la lucha. Esa es la motivación principal, el imperativo más determinante.

Concretamente, la pregunta que se plantea inmediatamente alx militante detenidx es «¿cómo ser útil a la lucha en esta nueva situación?». A veces es miembro de una organización (o de una tradición) que le proporciona inmediatamente la respuesta, otras veces debe deducirla éllx mismx a partir de su «aquí y ahora».

Las modalidades

¿Cuáles son las modalidades mediante las cuales lxs militantes encarceladxs pueden contribuir a la lucha?

1° En primer lugar, asumir una posición de resistencia, es decir, negarse a colaborar, a renegar de sí mismx. El carácter público y demostrativo es importante. Si la posición de resistencia se conoce en el exterior, refuerza la causa. Al mostrarse incondicionales y sin arrepentirse, lxs presxs borran el efecto negativo del anuncio de su captura y debilitan el efecto disuasorio del encarcelamiento para el movimiento en el exterior. Al dar ejemplo de resistencia, transforman un acontecimiento concebido para desmoralizar la lucha en una realidad que la refuerza moralmente.

2° Lxs militantes presxs también se esfuerzan por convertirse en mejores militantes. Leen, estudian, se forman, aprenden idiomas, etc. Esto explica la gran importancia que tiene para ellxs recibir libros y periódicos, poder conservar sus notas, etc. Por lo general, se esfuerzan por mantenerse en forma y practican deporte.

3° Lxs militantes encarceladxs aprovechan el tiempo que tienen para leer, reflexionar (e idealmente debatir) para producir análisis útiles para la lucha, balances de sus acciones, explicaciones sobre la política de su organización, llamamientos a la movilización, declaraciones de solidaridad con otras luchas, etc.

4° Lxs militantes presxs también se enfrentan a la prisión como tal. Este enfrentamiento va desde la politización de unx compañerx de celda (¡y a veces incluso de los guardias!) hasta la organización de huelgas, motines, sindicatos de presxs, el ataque o el aislamiento de los chivatos, o simplemente la solidaridad (compartir comida con lxs presxs sin recursos, etc.).

5° Por último, lxs militantes presxs luchan por su liberación. Ilegalmente, mediante fugas, y legalmente, mediante la interacción con abogadxs y fuerzas de apoyo, velando por que estas liberaciones se produzcan en un marco político correcto (y no a costa de una declaración de arrepentimiento, por ejemplo).

Los medios

Es comprendiendo esta relación política y combativa con el encarcelamiento que las fuerzas de apoyo a lxs presxs pueden entender cuál debe ser su propia actividad. De hecho, para cumplir una o varias de estas funciones, lxs presxs militantes necesitan dos cosas: la comunidad y las comunicaciones.

Cuando lxs militantes están encarceladxs en celdas individuales, o dispersxs en diferentes prisiones, etc., la cuestión del fin del aislamiento es fundamental. Y más aún la reconstitución de una colectividad de revolucionarixs, porque esto multiplica las posibilidades de lxs presxs de reflexionar y ayudar a reflexionar, de formarse y formar a otrxs, etc. Construir una vida política colectiva en prisión es a la vez un objetivo en sí mismo y un medio para alcanzar otros objetivos.

La comunicación se entiende en todas sus dimensiones y en todos los sentidos. Desde la prisión hacia el exterior, para comunicar sus reflexiones y posiciones al exterior; desde el exterior hacia la prisión, para recibir información, libros y documentos que permitan la formación, la reflexión y el análisis; y desde la prisión hacia la prisión, para permitir el vínculo entre lxs presxs y, en primer lugar, entre lxs presxs políticxs.

Por estas razones, las reivindicaciones relacionadas con la comunicación y la comunidad son reivindicaciones políticas en sí mismas, no tienen que ver con la «comodidad», el «bienestar» o la «humanización» del encarcelamiento, etc.

Por estas mismas razones, ayudar a lxs presxs a garantizar la comunidad y la comunicación es una prioridad para las fuerzas de apoyo político como el SRI. Y es en esta medida que este apoyo político es específico y se distingue, por ejemplo, del apoyo de las familias o del apoyo humanitario.

El enemigo

Como hemos visto, frente a lxs militantes presxs, las autoridades, además de las preocupaciones de seguridad válidas para lxs presxs sociales (evitar motines, fugas, etc.), tienen una preocupación específica: evitar el «contagio» político tanto dentro como fuera de la prisión. Y para ello, las autoridades tenderán a aislar a lxs activistas presxs.

Es un juego de suma cero: lo que uno gana, lo otro lo pierde.

La prioridad de uno es exactamente lo contrario de la prioridad del otro, y las detenciones son siempre una confrontación sobre estas cuestiones, cuya evolución depende de la relación de fuerzas, es decir, también del apoyo que lxs militantess presxs reciben en el exterior.

Por lo tanto, es en estas cuestiones, la colectividad y la comunicación, donde las luchas son más importantes y difíciles, y es en estos retos donde deben concentrarse las fuerzas de apoyo.

Y para llevar a cabo esta lucha con éxito, es necesario comprender bien al enemigo y evitar dos errores opuestos:

– Sobreestimar la forma en que el enemigo planifica la detención, imaginando un grupo de responsables y especialistas que elaboran científicamente un programa que afecta al más mínimo detalle de la vida de lxs presxs para aniquilar su conciencia política. El enemigo es también una inmensa burocracia atravesada por contradicciones, planes de carrera, rivalidades entre servicios, que mezcla a personas muy capaces con grandes imbéciles.

Por el contrario, a veces se tiende a subestimar esta planificación, atribuyendo las medidas hostiles hacia lxs revolucionarixs encarceladxs a tal o cual responsable hostil hacia lxs revolucionarixs, o a un director de prisión que quiere preservar la tranquilidad de su establecimiento aislando a lxs posibles alborotadores.

La realidad se mueve entre estos dos extremos, cambia según los países, las épocas y, a veces, incluso las prisiones. Por lo tanto, es necesario realizar un buen análisis del enemigo, de sus intenciones y de su determinación.

El apoyo

Toda lucha por la liberación atraviesa ciclos de «lucha/represión/resistencia a la represión». La capacidad de las fuerzas de liberación, tanto dentro como fuera de la prisión, para salir victoriosas y fortalecidas de la tercera fase de la lucha es crucial para el futuro del proceso. Y lxs militantes presxs desempeñan un papel central en esta fase.

El apoyo a lxs militantes presxs no debe considerarse como «cuidado de lxs heridxs». La prisión en sí misma es un campo de batalla, y este campo de batalla tiene repercusiones e influencias directas en los campos de batalla más amplios de las luchas. Dependiendo de la evolución de la lucha en la prisión, las luchas en el exterior se verán reforzadas o debilitadas.

Por lo tanto, el primer deber de las personas que apoyan a lxs militantes presxs es comprender este reto y proporcionar a lxs presxs los medios para seguir actuando políticamente. Esto implica eliminar los obstáculos a esta actividad política (en particular, el régimen de aislamiento), proporcionar a lxs presxs información política y transmitir sus opiniones.

La unidad

Fuera de la cárcel, los movimientos revolucionarios, anticolonialistas, antiimperialistas, etc., suelen estar divididos en diferentes fuerzas, tendencias y propuestas políticas y estratégicas. Pero cuando se trata de hacer frente a la represión como militantes encarceladxs, rápidamente surge una tendencia a la unidad, tanto dentro de las cárceles como entre las fuerzas de apoyo. El terreno de lucha se simplifica, las opciones son menos ramificadas que en el exterior, las «ocasiones» de entrar en desacuerdo son menores y las razones para luchar juntxs son más numerosas y evidentes.

Esto explica por qué las luchas de lxs militantes presxs (y, en el exterior, el apoyo a estas luchas) tienen un nivel de unidad superior al de otros frentes de lucha. Así, lxs presxs, por su situación objetiva, desempeñan un papel catalizador en los momentos de unidad, en los procesos de acercamiento entre las fuerzas del exterior. Se trata de una característica política importante y valiosa de la lucha de lxs militantes presxs que tanto lxs presxs como las fuerzas de apoyo deben comprender y valorar.

Por supuesto, cada fuerza revolucionaria, para ser coherente, debe tener su propia línea política y su propia estrategia. Debe defenderlas en los debates y aplicarlas con la mayor determinación.

Pero, al mismo tiempo, lxs revolucionarixs deben acoger con interés y benevolencia la existencia de otras propuestas estratégicas y, más aún, deben integrar este factor en su análisis estratégico.

En varios episodios históricos del pasado, las fuerzas revolucionarias se enfrentaron porque la estrategia de unas obstaculizaba la estrategia de las otras. Cada una de ellas estaba convencida de que sus decisiones eran las únicas válidas y que las del otro conducirían al fracaso de la revolución, por lo que el uso de la fuerza podía parecer legítimo y revolucionario. Pero el movimiento revolucionario en su conjunto perdió mucho debido a esta lógica del «enemigo objetivo». No estamos diciendo que este tipo de episodios sean siempre evitables, que solo sea una cuestión de buena voluntad. Decimos que, cuando se enfrentan a un movimiento revolucionario heterogéneo, las fuerzas revolucionarias deben establecer un equilibrio dinámico entre tres imperativos: defender y hacer realidad sus propuestas políticas y estratégicas, trabajar con el mayor grado de unidad posible con las demás fuerzas y afrontar las contradicciones dentro del movimiento revolucionario de forma no antagónica. Y las resistencias en las cárceles, como el apoyo a lxs presxs revolucionarixs, son un frente de lucha que permite a las diferentes corrientes revolucionarias aprender a luchar juntas, desarrollar una fraternidad de lucha a pesar de las divergencias.